jueves 5 de noviembre de 2009

"Nunca firmes un manifiesto"

Dijo Luis Buñuel en Mi último suspiro...

Qué razón tenía.

Una voz menos

martes 3 de noviembre de 2009

El estatus, en Deriva

Es difícil encontrar en el panorama de nuestras letras, y mucho más en el correspondiente a los autores así llamados ‘jóvenes’ a escritores que tengan la voluntad -y la capacidad- de ofrecer al lector una novela como ésta. Y esto por varios motivos. En medio de la vorágine y del empeño despiadado (a veces con los propios autores, a veces con la literatura) de búsqueda absoluta de la novedad (la pasión por lo nuevo, como tantas otras pasiones, puede acabar resultando autodestructiva) Alberto Olmos ha escrito una novela a contracorriente de lo que cabría esperar en alguien de su generación (incluso a contracorriente de sus últimas novelas: Trenes hacia Tokio, Tatami y El talento de los demás), una novela fuera del tiempo, sin contacto apenas con la realidad que nos rodea (hablo de lo estrictamente contemporáneo), una novela de apariencia engañosamente naïf y que podría clasificarse sin duda alguna de abstracta.

Cinco son los personajes esenciales que pueblan las páginas de El estatus. Clara y Clarita (madre e hija), Patricia (la criada), Ichvolz (el agente inmobiliario) y Jesualdo (el portero, mudo para más señas). Con estos cinco personajes, como si se tratase de los elementos de un extraño compuesto químico, Alberto Olmos diseña la trama de su novela. Una trama minúscula, por otra parte. Casi minimalista. Madre e hija entran a vivir en una casa ubicada en un edificio en apariencia abandonado y allí dejan correr el tiempo, intentando burlar la monotonía de los días (la madre a través de minuciosos rituales burgueses, incluyendo encargos continuos a Patricia, la criada y, por supuesto, la lectura de algunos libros; la hija confraternizando con Jesualdo, un extraño y faulkneriano personaje cuyo pensamiento -debido a su condición de mudo- nos es accesible a través de monólogos interiores fragmentados e incoherentes que el autor intercala de vez en cuando) mientras aguardan la llegada siempre demorada del padre ausente.

La novela de Alberto Olmos coquetea con lo fantástico, logrando crear la intriga necesaria para burlar el -casi- plano fijo que componen los personajes. Poco a poco el lector va descubriendo que casi ninguno de ellos es lo que parece, en medio de una tensión creciente que pone de relieve los juegos de poder a los que se someten entre sí los personajes. Es fácil rastrear la influencia de Faulkner y de Henry James en El estatus. Con esta envidiable compañía Alberto Olmos logra dar 'una vuelta de tuerca' a su propia obra para ofrecernos una narración en apariencia sin pretensiones, pura, enigmática, desconcertante, a contrapié -como ya dijimos al principio- de las expectativas (de sus propios lectores, incluso) y de la corriente mayoritaria de la narrativa actual. Una rara avis que parece querer avanzar dando un paso hacia atrás (en la simplificación de las formas y los temas, en el homenaje explícito a autores canónicos), una reacción que algunos pueden sin duda entender como trasnochada. Un camino difícil, en definitiva. El tiempo dirá si acertado o no.

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Gracias

jueves 15 de octubre de 2009

Adiós a mis tiempos de terrorista


"Ms Info: el 8/11 acaba el plazo de identificación Ley 25/07. Si no se identifica antes se cortará su línea. Por favor acuda a una tienda movistar a identificarse."

miércoles 14 de octubre de 2009

XV Premio Lengua de Trapo de Novela

El pasado 8 de octubre de 2009, un jurado compuesto por Nuria Azancot, Alberto Olmos, Ramón Pernas y Eduardo Vilas y el editor Fernando Varela resolvió por mayoría otorgar el XV Premio Lengua de Trapo de Novela a la obra Electrónica para Clara cuyo autor es Guillermo Aguirre, que concurrió con el mismo título y bajo el seudónimo de Justine.

Al XV Premio Lengua de Trapo de Novela han concurrido 632 manuscritos, 478 de ellos procedentes de España, 74 de Argentina, 5 de México, 16 de Cuba, 7 de Colombia, 4 de Venezuela, 11 de Perú, 6 de Estados Unidos y los demás procedentes del resto de Europa y Latinoamérica.

El Premio tiene una dotación de 5.000 euros y la obra ganadora será publicada por Lengua de Trapo durante el próximo mes de diciembre.

lunes 12 de octubre de 2009

El estatus, en Revista de Letras

“El estatus”, de Alberto Olmos Por Josep A. Muñoz Crítica 12.10.09



estatus.(Del ingl. status, y este del lat. status, estado, condición).

1. m. Posición que una persona ocupa en la sociedad o dentro de un grupo social.

2. m.Situación relativa de algo dentro de un determinado marco de referencia. El estatus de un concepto dentro de una teoría.

© Real Academia Española – 22ª edición



Alberto Olmos es la leche.

El oficio de escritor, como cualquier otro, se sustenta en el aprendizaje constante, el trabajo, el interés por crecer y perfeccionarse a base de disciplina y creatividad. Mientras unos van repitiéndose, reformulando viejas ideas, poniendo a prueba a la cada vez menos consentida paciencia del lector, otros (los menos) sorprenden a cada paso materializando los deseos de quienes ansían dejarse atrapar por las palabras.

Alberto Olmos es la caña.

Nos encontramos ante la obra de un periodista segoviano que logró, con su primera novela, ser finalista del premio Herralde de novela. Eso fue en 1998, hace once años. Desde entonces, con algún parón que le llevó a Japón, esta mente inquieta, viajera, curiosa, lectora, nos ha ido dejando brotes de lucidez narrativa (Trenes hacia Tokio, en el 2006; El talento de los demás, en el 2007; Tatami, en el 2008). Obras en las que se empapa de experiencias, de referencias, de formas, de historias que escribe porque le gusta contar, enganchar al lector. Si, como dicen, el inicio de un libro es lo más importante, os invito a comenzar cualquiera de los relatos de este autor, porque estamos ante un hipnotizador que, con apenas cuatro líneas, ya te tiene enganchado hasta el final. Como los narradores orales, que son capaces de aislar a sus oyentes y manejarlos a su antojo.

Alberto Olmos es la pera.

El estatus es, a mi juicio, la novela de corte más clásico de todas las que nos ha ofrecido su autor hasta ahora. No está ubicada ni en tiempo ni en lugar, aunque más de uno podría sacar conclusiones, ubicando la trama no muy lejos, aquí mismo, no hace muchos lustros. Clara y su hija de doce años (Clarita) llegan a la gran ciudad y se instalan en uno de los apartamentos de una gran finca, a la espera de la llegada del padre y marido, un hombre de negocios que las había mantenido lejos del mundanal ruido, en una villa campera. Mientras esperan, inician su nueva vida, en la que intervendrán Ichvoltz, el atractivo joven de la agencia que les ha proporcionado el piso; Patricia, la criada; y Jesualdo, el portero de la finca, un hombre mudo y con escasas luces.

Y esperan… Y esperan… Y el padre-marido no llega… Y Clarita se hace amiga de Jesualdo; y Clara, siempre leyendo, no soporta a Patricia; e Ichvoltz comienza a visitar el apartamento alertado por unos extraños ruidos que provienen del piso de arriba… Y el padre-marido sigue sin aparecer.

Alberto Olmos es la ostia.

A pesar del clasicismo, Olmos nos lleva más allá (y más acá). El estatus es casi una pieza teatral, arriesgada su puesta en escena de apenas un espacio (el apartamento y algunas zonas de la finca por las que pasea Clarita); pocos personajes; una intriga perfectamente controlada a golpe de efecto; buenas dosis de comedia, hasta de vodevil. De estructura circular, esta novela requiere de mucha atención para acabar de valorar los matices que logra transmitir en cada una de sus páginas. No se dejen engañar por su sencillez, por la gracia de las explicaciones de la niña, por el garbo chulesco de las réplicas entre la señora y la criada, por la fácil incorporación de elementos fantasmagóricos. El juego de Alberto Olmos no es tanto el “cómo” sino el “qué” está pasando en este relato, interrumpido por las propias protagonistas que también son espectadoras-lectoras de su experiencia.

Decía más arriba que lo de cómo se empieza una novela es, para muchos, lo más importante. Pero, ¡ay, el final!. El final debe superar al comienzo, porque no hay peor cosa que atrapar al lector y que, a las pocas páginas, se abandone al aburrimiento. Ésta que nos ocupa es buena de principio a fin. Y sí, es muy bonito decir que tiene algo de Beckett, una pizca de Faulkner, otro poco de James… Para mí, a pesar de lo diferente de la propuesta con respecto al resto de su obra, lo que tiene El estatus es mucho talento, mucha guasa, mucha chicha, mucho fondo.

Alberto Olmos es demasiado.

José A. Muñoz

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No niego que me lo creo todo...
Gracias
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domingo 4 de octubre de 2009

Tatami a la italiana

La editorial Voland (Italia) ha comprado los derechos de traducción a su país de Tatami, la novelita que publiqué hace un año y pico y que no, no escribí en una tarde. Fueron cuatro días.

Voland, como supondrán los lectores más pedantes, es el personaje del diablo en el clásico de Bulgakov El maestro y Margarita. El sello italiano cuenta en su catálogo con la presencia de los escritores españoles José Ovejero, Espido Freire o Elia Barceló. También tienen un par de libros "menores" de don Enrique Vila-Matas. Además, la presencia de Amelie Nothomb completa lo que considero una muy jugosa compañía.

El libro, dios mediante, saldría en el país de Berlusconi hacia 2011, probablemente póstumo.

Esta es la primera traducción que me cae en suerte. Siempre pensé que me volcarían al francés, supongo que porque soy un snob y porque cada día escribo más como si viviera en Francia. Esto es: en un país donde los escritores no son catequistas ni guardianes de la moral. Pero escribo en España, al cabo, rodeado de una cantidad cada día mayor de gentuza, ejecutivos de la literatura y fracasados sin encanto. Iberia es de tal mediocridad en lo literario que ni siquiera hay perdedores adorables.

Así que al italiano.

Ciao.

lunes 28 de septiembre de 2009

Mordzinski

(Madrid, un día)

Yo: Nunca voy a dejar que Daniel Mordzinski me haga una foto.
Ella: Ajá.

(Segovia, ayer)

Mordzinski: Hola, soy Daniel Mordzinski.
Yo: Ah, el famoso. Soy Alberto, qué tal.
Mordzinski: Estoy en el Hay como fotógrafo oficial.
Yo: ¿Le haces fotos a todo el mundo?
Mordzinski: Sí, eso hago.
Yo: Pues... mira, yo tengo una frase en la cabeza, desde hace tiempo; una frase que me dijo un amigo, una frase que me ha creado ciertas dudas respecto a tu trabajo...

(estamos en el Hotel Sirenas, sentados en un amplio hall; yo bebo agua, él bebe agua)

Mordzinski: ...
Yo: Me dijo mi amigo: "Si no te ha fotografiado Mordzinski no eres nadie".
Mordzinski: ...
Yo: Me parece que si hemos llegado a este punto, es que está todo desquiciado y echado a perder.
Mordzinski: Lo que te dijo tu amigo es cursi y tonto; una estupidez.
Yo: Me alegro de que pienses así.
Mordzinski: Te tengo que hacer unas fotos.
Yo: ...

(Madrid, hoy)
Ella: Nunca digas de este agua no beberé.

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Links Hay:

Leónoticias
El Norte de Castilla
El adelantado de Segovia
IcalNews

viernes 4 de septiembre de 2009

El cultural / Tiempo: que once años no es nada (y On Madrid)

Hoy publican en El cultural la reseña sobre El estatus, a cargo de Santos Sanz Villanueva. (Cuando salga on line la cuelgo.)

El recorrido por la anécdota de El estatus da una sencilla peripecia de base costumbrista. Clara y Clarita, madre e hija, se han desplazado de su villa en el campo a una mansión en la ciudad para esperar el regreso del marido y padre que se halla en unas lejanas islas (todo ello innominado e inconcreto). El familiar ha encargado a un agente que les proporcione residencia y criada. Un mudo, portero de la casa, establece estrecha complicidad con Clarita. Se trata, sin embargo, de una simple apariencia realista porque esa trama de estricto minimalismo se convierte en una sorprendente fábula de difícil clasificación que participa de la alegoría y se llena de elementos inventivos, sensaciones misteriosas, materia irracional y componentes visionarios.

Este impreciso registro pertenece a la vaga categoría de lo fantástico y supone un paso adelante en la poética de su autor, el segoviano Alberto Olmos (1975), un personal narrador que se mueve en el ámbito de presentar aspectos recónditos de la existencia mostrados con una cara cotidiana que se desliza con sutil habilidad hacia el territorio del irracionalismo. Evocar para este enfoque a Beckett, como hace la cubierta, no está mal, pero no agota la filiación de El estatus, que también recuerda la incomprensibilidad del mundo kafkiana, la tendencia a la abstracción del simbolismo, la indagación en el misterio de los relatos góticos y el descenso a los arcanos de la mente del surrealismo.

Todos esto anda en el fondo de la escritura de Olmos como fuente nutritiva y no como deuda. El autor acude a ellos porque le valen para su mirada negativa de una realidad en la que se entretejen complejas relaciones de fuerza y poder entre las personas. El título alude a la actitud de extremo clasismo social de Clara pero se dispara hasta los vínculos de dominio encarnados en los personajes, entre quienes, además, existen nexos muy retorcidos que el lector descubre con asombro y que constituyen un aliciente de intriga en un relato en apariencia de hechos corrientes.

La anécdota resumida se convierte en una suma de datos inquietante que busca actuar como revulsivo del lector. Llevarlo al terreno del misterio y la paradoja es la meta del autor y lo consigue con un relato fuertemente abstracto, fuera de espacio y de tiempo identificables. Olmos prefiere lo sugerido a lo evidente, incluso la inconcreción temática a la exactitud de un asunto preciso. Esta postura comporta el riesgo de que el lector (hablo, al menos, por mí) se pierda algo en la identificación de los motivos. Es el reto de este tipo de literatura elusiva.


Olmos no ofrece un libro ni fácil ni de comprensión sencilla y directa, pero merece la pena arriesgarse en su lectura por una doble razón. Una, por su forma basada en una estructura narrativa sin rasgos muy espectaculares pero verdaderamente novedosa. La alternancia de los sucesos en varios planos (un presente que enjuicia los hechos del pasado) y la técnica perspectivista (a lo anterior se suman otros puntos de vista más) revelan una planificación tan esmerada como eficaz. Otra, por las desasosegantes incitaciones intelectuales que despierta.

El estatus revalida el empeño original de un escritor que entiende la novela como una forma de conocimiento, lo cual exige el reto de superar las manidas formas del realismo convencional.
Santos SANZ VILLANUEVA

Hoy publican en Tiempo un reportaje sobre blogs en el que incluyen este mismo blog, mi libro Trenes hacia Tokio y el volumen Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder. Aparición estelar para David Capón (Supercrisis), que me escribe este modesto sms: "Y quién es el vilamatas ese, y el reig? Gente que empieza, supongo."

Por lo demás, estoy enormente disgustado por el uso, en ambos medios, de una foto mía tomada hace 11 años, en Barcelona. Me derrota la falta de profesionalidad sucesiva en este sentido.

En fin.

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Recién me entero (sí: recién me entero) de que también ha salido El estatus en OnMadrid, una cosa que da El País los viernes.



Luego me quejo...

martes 1 de septiembre de 2009

Invitación al The Guardian Hay Festival Segovia

The Guardian HAY FESTIVAL Segovia 24-27 Septiembre 2009

De mi mayor consideración:

Me dirijo a Ud., en nombre de Peter Florence, director del Hay Festival of Literature and the Arts, y su equipo, para invitarle a compartir con nosotros cuatro días de celebración del arte y de la literatura en Segovia.

Hay Festival es una fundación sin ánimo de lucro que lleva veintidos años organizando un encuentro en Hay-on-Wye, Gales. Este encuentro, que dura diez días, convoca a 500 escritores y artistas y a 120.000 personas, convirtiéndose en el mayor festival literario en Europa. Desde el 2006 realizamos el Hay Festival Cartagena de Indias en Colombia y el Hay Festival Segovia en España y en el 2008 inauguramos el Mapfre Hay Festival en la Alhambra.

En nuestros festivales hemos contando con la presencia de Sir Paul McCartney, Bill Clinton, Bob Geldof, Gabriel García Marquez, Ian McEwan, Doris Lessing, Martin Amis, Javier Marías, Orhan Pamuk, Vikram Seth, Nick Broomfield, Hanif Kureishi entre otros.

El 2009 será nuestra cuarta edición en Segovia y estaríamos encantados con su participación en un evento de jóvenes creadores moderado por Teresa Sanz el día domingo 27 septiembre 2009 de 18:30 a 19:30 al Museo Vicente Esteban.

Muy agradecida por su atención, aprovecho para saludarle muy cordialmente.
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Nadie es Martin Amis en su tierra.

viernes 28 de agosto de 2009

Trenes hacia Tokio, en Autopsia en prosa

Sinopsis:

Japón, un día cualquiera, una escena cualquiera. Un profesor de español; un escritor que intenta, con poco éxito, terminar una novela y que cuenta, a modo de diario lo que sucede a su alrededor y, sin pudor, a el mismo. Una forma curiosa e irónica... distinta de contar lo cotidiano, lo personal. Estravagante, extranjero siempre, nativo por momentos, a ratos divertido, a ratos cínico o trite, David camina por su día a día al ritmo que marcan los personajes que protagonizan la película de su vida, dando la sensación de que todo avanza sin que nada pueda detener el implacable paso del destino. No hay pasado, no hay futuro; el presente arrolla al protagonista como los trenes, que son parte fundamental de la novela, lo hacen con el paisaje.

La lectura

Y a todo esto el lector asiste al relato como silencioso espectador, atrapado y seducido por la mirada, a veces irritante, a veces tierna, sensible, otras seca y desagradable del protagonista. Original, de prosa fluida y magnética todo el libro mantiene tu atención sin, en realidad, contar nada nuevo que pudiera explicar por qué no puedes dejar de leer ni de identificarte con el personaje. Se nota que hay un enorme talento tras el texto, un escritor de verdad tras esas líneas: las que consiguen seducirte hasta el final del relato.

Personalmente es donde veo el mayor mérito. Dejando aparte el hecho de que la narración transcurre en un entorno exótico como Japón -yo creo que el relato podría ser igualmente maravilloso contado en cualquier lugar, como Madrid, por ejemplo-, no hay en todo el argumento un solo elemento hipnótico que justifique la atracción a la que te ves sometido, y eso confirma la impresión de que realmente es un libro muy bien escrito. La originalidad está en la forma de escribir, en la forma de redactar; en la mirada del narrador que te hace participe, a modo de vogeur, de su extravagante e irónica forma de entender su entorno. Da la sensación de que, a partir de leer el libro, podrías reconocer a Alberto Olmos en cualquier otra lectura, aunque solo fuera su lista de la compra para el super.

En este libro he encontrado, por ejemplo, una de las descripciones mas bonitas que yo haya leído de una mujer:

"Es pequeña, apenas alza del suelo las dos letras de su nombre.Ai significa: amor. Ya he dicho que es pequeña.La conocí entre otras japonesas, cientos de japonesas, miles de japonesas, todas apiñadas y sonrientes y monocromas. Ai era el destellito de luz, el punto sobre la i de la palabra nipón. Sin senos ni trasero tumefacto, todo su cuerpo era un facistol para su rostro, un andamio para que la cabeza le quedara a metro y medio del piso. Su cara daba por fin sentido a la palabra 8.005 del diccionario: exótico. Exótico ya no era lo que estaba lejos; era lo que tenías más cerca, lo que querías tener próximo.Ai parecía tan japonesa, tan acrisolada de su propia nacionalidad, tan jugo exprimido de una bandera, que a su lado sus compatriotas tenían algo de inmigrantes, de extranjeros, de turistas en otra piel.Llevarse a Ai de paseo era como llevarse a todo un país en el bolsillo. Ella era Japón: detrás de sus ojos rasgados se rasgaba el resto de los ojos nipones, su boca daba fin al tubo infinito de bocas y gargantas y pulmones que hacen un idioma; su piel era la última mano de pintura dada a una raza.Ai: japonesita."

Un delirante diálogo sobre literatura:

"- También estuve en Grecia.-¿Conoces a Haruki Murakami? -mi cerebro, clic, clic, mi cerebro.-Si. El escritor, ¿no?-¿Has leido Norugei no mori?-No-Pues lo escribió en Grecia, en una isla. Al menos eso dice la introducción de la novela en inglés.-Ideal, ¿no?, la isla, el mar, el cielo azul-Si parece ideal. Hay mucho sexo en sus novelas. Se lo voy diciendo a todas las japonesas que conozco para ver si se animan.-¿Conoces a Ryu Murakami?-No-Pues hay mucho mas sexo en sus libros. Uno muy famoso se titula Ibiza.-Lo buscaré. Ahora estoy leyendo Kafka on the shore-¿Que tal?-Me encanta. Es muy interesante.-Un amigo mio dice que el mejor escritor japonés es Akutagawa.-Es cojonudo.Gonzalez levanta el tenedor basta casi tocarse la sien-¿Lo conoces?-Claro. Me gusta mucho El biombo del infierno-¿Y conoces a Osamu Dazai?-Si Indigno ser humano. No me gustó-Caramba David, sabes un montón de literatura japonesa!-Bueno, de algo hay que saber. Quiero leer Soy un gato de Soseki Natsume. En ingles es un tocho así -así equivale a mil doscientas páginas.-¿Seguro? Yo creo que es mas corto.-¿Y como se llama la tía esta tan famosa? Banana nosequé.-Yoshimoto Banana-Esa ¿que tal?-Muy fea.-¿Que tal escribe?-Su libro mas famoso es Kitchen. No se de que va.-Si, lo vi en Kinokuniya. Parecía una gilipollez. Vi otro libro titulado Serpientes y piercings.-Me suena-En la contraportada salía una foto de la autora. Pivón-Si, si: esta muy buena.-¿Sabes?, hacía mucho que no hablaba de literatura.-Ah."

O una escena de estupro en un tren, digna de la mejor literatura erótica:

".../ La chica de las piernas bonitas está a medio metro de mí y se aproxima dándome la espalda. Finalmente su cuerpo se encaja con el mío. Noto sus gluteos, toda esa convexidad, arropando mi sexo, casi devorándolo. La chica sigue hablando tranquilamente con sus amigas.../... La chica sigue hablando con tranquilidad mientras mi sexo explora sus nalgas. En un momento dado se separa de mi. Respiro.Los endurecimientos empiezan a declinar cuando la chica de las piernas bonitas se dobla para coger algo de su bolso, que está en el suelo. Al doblarse me clava el culo en la polla. Durante todo el trayecto la chica no deja de doblarse para coger algo de su bolso. Durante todo el trayecto me clava el culo en la polla y sigue hablando animadamente con sus amigas. Realmente no estoy poniendo todo de mi parte en este estupro; ni siquiera me estoy esforzando. La chica vuelve a agacharse y sus glúteos, tensos como frutas, me abrillantan la bragueta.En la parada de Sano la chica de las piernas bonitas se baja. La sigo con la mirada para ver si vuelve la cabeza y me confirma quién manda dentro del vagón. No lo hace.El tren reanuda su marcha. Si viviera en Tokio no me pasaría esto. Defenderé hasta la muerte la necesidad de vagones solo para mujeres."

Una crítica un poco larga, pero creo que merecía la pena incluir algunos fragmentos a modo de ejemplo.

Opinión

Leer este libro ha sido una experiencia muy gratificante. A veces me ha dado la impresión de estar ante un cuento por entregas, como si hubiera sido parte de un blog, o algo así. En cualquier caso esta forma de escribir empieza a ser bastante común entre los nuevos talentos. Ya he leido y criticado en este blog algunos libros que recuerdan esta forma de escribir un tanto caótica y que, lejos de sacrificar calidad, al contrario enriquece y cualifica el libro. Un libro muy recomendable .

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Gracias.